Listones y cartas.
Cuantas carteras he visto llenas de cartas con esas palabras de aquellas personas especiales. ¡Son como el dinero pero éstas no se gastan! ¡Se quedan y no se van! Jamás se vuelven a leer pero no importa lo que digan, porque los sentimientos no hablan -aunque a veces gritan-, sólo se ven y se sienten. Están ahí, como esperando ser abiertas de nuevo pero no, no somos tontos, ¿quién quiere recordar todo ese amor que ya no está? Uno recuerda ese amor pero no que ya no está, sino que estaba. Porque no somos tontos. ¿Y qué me dicen de esos listones en el cabello? Esos coloridos recuerdos que peinan y despeinan; que más que sujetar el cabello sujetan una idea: un momento. Los porqués y los cuándos son los que le dan sentido al listón.
Recuerdos en la muñeca izquierda.
La muñeca izquierda siempre es la que mejor guarda los recuerdos. Siempre está ahí, como esperando una oportunidad en este mundo dominado por el otro sentido. Y es que a veces adelante no hay nada más que nada, y eso es lo que el lado izquierdo hace que olvidemos; que veamos todo. Es increíble ver como los sueños se hacen reales cada que se siente ese pedazo de algo ahí, rodeando nuestras muñecas. Como diciendo que no olvidemos, pero también nos niega vivir de nuevo. Es un peligro, porque no estamos atados, es más como que atrapados. Rodeados por ese sentimiento que nos abraza como una madre y no deja que nos lastimemos. ¡No deja que olvidemos para darle lugar a un nuevo recuerdo! ¡Que crueldad! ¿Pero por qué lo hacemos? ¿Por qué nos metemos en ese terreno de desolación? No somos tontos, pero sí distantes de la razón. Preferimos vivir en el onirismo y ver sólo cosas que nos dan calor. Pero a veces también que nos ponen tristes y nos llevan al llanto. ¡Pero es que no somos más que débiles amantes! Amamos todo y con todo. Amamos ese pedacito de algo que nos recuerda a esa persona, ¡pero sin amar a esa persona! ¿Cómo es posible? No lo sé, pero pareciera que es una estupidez, pero más que eso, una trampa. Una horrenda trampa de ese celoso y terrible lado izquierdo. Nos acorrala de ideas y vivimos en ellas. A veces nos quedamos tanto tiempo ahí que olvidamos ir a vivir y seguimos pensando. Atrapados en un recuerdo. ¿Pero romper ese pedacito es la respuesta? Tampoco sé, si eso, sea la solución, pero el miedo tal vez, sólo tal vez, pueda decirnos. Atacándonos con opciones horribles que siempre nos llenan de aventura, que nos llevan a despertar y querer llevar el recuerdo a más que eso, a ser futuro. A ser persona. Esa persona.
Los recuerdos están ahí y se van. Mueren y se convierten en otros nuevos, aún esos que volvemos sólidos. Pero no hay que olvidar que eso recuerdos, aunque de plástico, son mas duros que el oro y serán crueles, pero no más que el miedo a fallar no vivir. ¡Porque esos recuerdos no huelen! No son para tentarse; son tartufos y celosos.

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