martes, 27 de septiembre de 2011

La soledad como proyecto.

     Estar solo no siempre lleva a la locura. No sí vemos a la locura como un estado mental malo. En verdad, estar loco es conocerse mejor y tener conciencia de lo horribles que somos. El temor a conocernos nos lleva a encontrar amigos, pareja y familia. Estar con personas detestables es una elección que tenemos a bien y mal tomar, es decir, casi siempre nos alejamos de ellas porque nos parecen extrañas; nos acercamos porque necesitamos cosas que sólo la gente extraña puede hacer: talentos. Muchas de las peores personas han llegado a ser lo mejor en el mundo, sobresalir: políticos, músicos, pintores, escritores... Ellos pasaron la mejor parte de su vida odiándose por su soledad. Estaban solos y se alejaban cada vez más.

La soledad siempre acompaña a las personas en sus mejores etapas. Estar solo no lo es: no podemos alejarnos de nosotros mismos y es por eso que, tenemos que entendernos y prosperar. Evolucionamos en una forma distinta a todos aquellos que van de la mano de quien aman; de los que ríen con sus amigos: el amor y felicidad vienen de sí mismo y no de otros. ¿Independencia emocional? No. O sí, me explico. No lo es porque somos entes sensibles y estamos ligados a los sentimientos, no dejamos de sentir y movemos nuestros mundos respecto a ellos. Sí en el sentido de que no dependemos emocionalmente de otros: un sentido ambiguo del acto. El sentir y la emoción muchas veces son cosas diferentes -sentimos emoción- pero en este caso, las usaré como sinónimos. Crear ilusiones, risas y tristezas es trabajo duro que otros pueden hacerlo. La función humana es muy compleja, pero es evidente que la facultad de servir emocionalmente a los demás es lo más fácil que hacemos, no así con uno mismo. La razón por la que no aceptamos la soledad se debe -lo pienso y vivo- a que pensamos que nos volveremos locos; seres dementes incapaces de sentir.

Amor propio.
Amor propio es la facultad para respetarnos y aceptarnos como somos ante los demás. Esta cualidad no se presenta frente a nosotros mismos. El caso del espejo es evidente muestra de que el "amor propio" no existe, ya que siempre cambiamos o retocamos algo en nosotros; vemos errores que intentamos minimizar con virtudes estéticas.

Locura y bondad.
Ante la soledad -virtud que elegimos para odiarnos- nos hacemos fuertes, nos resistimos y buscamos compañía que no obtenemos. No hay más, sólo nosotros y el "yo": nuestro yo. Conversamos e imaginamos situaciones que vivimos con conocidos. La experiencia nos ayuda a encontrar en la imaginación momentos de risa y gozo. El anhelo de los demás, nos hace llorar. Algunos incluso amamos en las sombras de nuestro onírico "yo". Es ahí, cuando empezamos a sentir que la locura llega no para acompañar, sino para ser otro "yo". La lucidez se pierde, las sombras de nuestras manos son nuevos amigos; los cabellos en la almohada personas que tal vez vimos en un parque. La almohada nuestro mejor amigo, pero también la amante perfecta o el enemigo a vencer. Ya no somos lo que éramos, el espejo ya no muestra imperfectos ni virtudes: ya no hay nadie. La soledad no es la ausencia de toda compañía, es la sucesión de todos por el "todos los yo". Nos volvemos mejores personas ya que la víctima siempre es un "yo" atacado por los demás. Nuestra bondad ya no es ese comportamiento social que tenemos que seguir de vez en cuando para obtener algo, no, ahora es una sombra que nos sigue: sonrisa honesta.

La soledad, las ruinas y la compañía.
Una vez que se está solo ya no se deja de estarlo. Simple, aprendemos a gustar de fabricar nuestro sentir. Eso no quiere decir que dejemos a todos detrás sino que ahora no los acompañamos los sentimos. Empatía que al final son las ruinas de una soledad majestuosa que nos dividió para luego hacernos fuertes. Ahora, las personas nos acompañan y les sonreímos con verdadera emoción. Ya no lastimamos porque no estamos. Estamos solos entre un mar de gente que nos mira y acompaña: no nos interesa. Necesitamos un compañero de forma vital, pero no para sacarnos de la soledad, sino para ver nuestra soledad. Todos somos compañeros y solitarios. Siempre vamos acompañando.

Es por eso, que estar solos nos enseña a amar, sonreír, llorar y perdonar. Nos da las lecciones de vida. Es el libro de texto del destino. El borrador de una película de horror y comedía que siempre termina en trágico final feliz.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Imaginación: contaminación del sentir.

     A veces empezar con lo desconocido va más allá del principio onírico: sueños; anhelos. Es decir, se concentra no sólo en imaginar y suspirar en cada oportunidad, sino, en la posibilidad de que las cosas pasen y, más importante: que no pasen. Cumplir sueños es la repentina muerte a la que intentamos ir, la que pensamos será una mejor "vida". Un sueño se presenta como eso, rara vez como un objeto. Soñar no es imaginar, no: es sentir de verdad. La realidad nos mueve a sentir con ciertos patrones que de niños aprendimos, patrones que intentamos cambiar para ser felices y entonces queremos soñar. No es raro que al no saber soñar se imagine. Imaginar es crear sentimientos que nos gustaría enfrentar: amor, felicidad, dicha. Entrar el onirismo es más fácil, no hay necesidad de trabajar para "crear" o sentir; los sentimientos nos enfrentan. Enfrentar un sentimiento no es posible hacerlo en nuestras vidas -aquellas que vemos con los ojos- porque no sabemos; nadie sabe. Quien de verdad ha soñado no despierta y aprende a sentir. Incluso, cuando se está despierto se está soñando y sintiendo. Soñar sin sentir no es posible: imaginar sentimientos es imposible. ¿Para qué aprender a sentir? Para sumergirnos en una densidad de lagrimas que no nos libera. Sí, lagrimas, llorar al contrario de sonreír no es un acto automatizado. No es algo que se enseña: se siente. Sonreímos por amabilidad o educación; lloramos porqué sentimos. Reír como la ausencia de tristeza. Reír para no llorar, no sentir. Llorar de felicidad es como llorar de impotencia o emoción: manifestación de sentimientos. Un sueño nunca es bueno y a menudo lo llamamos pesadilla. Es imposible sonreír ante una sensación porque no se puede sentir un dogma.

El amor y los celos.

     A veces, empezar con lo desconocido va más allá del principio onírico: sufrir; querer. Es decir, imaginar el amor es tan posible que lo hacemos todo el tiempo: amamos la comida, el día, una canción, una persona. Nos enamoramos a cada instante. Formulas químicas se encargan de perpetuar tal ficción, de volvernos presas de nuestra imaginación. No estamos sintiendo el amor, sino gozando la ilusión. El amor existe y es tan real como todos; como los celos. El amor como sentimiento se acompaña de todo menos risas. En enamoramiento se basa en eso, en sonreír en cada suspiro: suspirar. Pero amar, realmente se convierte en un sueño y no por ser inalcanzable. Se hace sueño porque no sabemos sentir. 

Amar a alguien y saberse amado genera risas y felicidad, actos opuestos. Amar y sentirse amado provoca paz. La paz al igual que el llanto es un reflejo de los sentimientos. Una causa. Cada sentimiento lleva a sentirse en paz o a llorar, el amor no: el amor es paz. El amor como sentimiento es intolerante; como causa es todo. Digo que es intolerante porque amar no permite estar feliz o triste; cansado o enojado, sólo permite sentir amor. El amor como un todo es diferente: nos alegra y deprime; nos molesta y emociona. Un todo de sentimientos que hacen paz al ser tan armónico y perfecto. 

Los celos no son otra cosa más que el "antídoto" al amor imaginario. Al contrario del amor -no como némesis, sino como un amigo- impacienta y molesta. Rabia y desconsuelo. Sentir que se pierde algo imaginario es lo más estúpido: no pierdes lo que no existe. A todos nos han robado el "amor" y lloramos. ¿Por qué lloramos al perder algo imaginario? No es en sí la pérdida, son los sentimientos -el sentimiento: celos- que se reflejan. No sentir celos quiere decir que no se está enamorado; pero no dice que se siente amor.

El sueño cómo forma de vida.

Este es un tema no muy largo. Se puede vivir soñando y sintiendo en cada respirar, pero tiene sus consecuencias: no estar listo. Nadie nos enseña a sentir, a estar en paz. Claro, nadie puede saberlo, lógico que al iniciar se comienza llorando ante cualquier sentir. El error más grande es comenzar la aventura del lado del amor, ya que no nos dará paz, nos traerá problemas y los enfrentaremos con la imaginación. Sí. Imaginación que se romperá con los celos en un vaivén de mentiras e ilusiones.


Hablar del amor es más fácil cuando no se conoce. Hablar de los celos sólo se puede mientras se encuentra en ese vórtice. Ese tránsito entre el amor y la mentira: máscaras.