martes, 14 de agosto de 2012

Año.

Tiempo. El tiempo pasa, lo medimos y lo olvidamos. Conocemos y aprendemos.Amanece, todo lo bueno que podemos imaginar: una hoja en blanco. Pasan las horas, se hace tarde y las esperanzas son menos, cada instante hay menos tiempo para llegar al lugar; vamos tarde, tarde para nosotros. Anochece y los sueños se vuelven pesadillas. Nos atormentan. Pasa la noche, es la madrugada, la obscuridad envuelve todo. Olvidamos. Amanece, comienza. Volvemos a empezar...

Días, semanas, meses. Todo el mismo patrón. El sistema envuelve cualquier medida de tiempo que creamos. Nos envuelve un sordo silencio, sí, es un año. Ya un año, una larga mañana; un atardecer melodramático; una noche cruel y, una madrugada muda. Nos olvidamos. Adiós. Te veo, estás enfrente. Soy mudo, tú sorda, sin tacto. No te toco. No me ves. No te siento. ¿Y los sentidos? Es tú corazón, lo escucho mientras estremece el mío, lo aplasta. No soporto, mis oídos van a estallar.

Adiós. El agua corre, nos salpica y despierta. No dormimos. ¿Es un sueño? No te toco. No me sientes.

Hola. Una nueva mañana. Ya no eres tú, no te reconozco. Adiós.

¿Dónde estás? Estás allá. Aquí no hay nadie y estoy solo. Me dejaste. ¿Cuándo? Hace un año.

Ya es tarde, ¿tarde para qué? Conocerte. ¿Quién eres? Hola.

Adiós. El fuego consume, como al cigarrillo de aquella noche, la última noche que nos tocamos. El humo sube, se va, ya no está. Exhala. Un poco más, ahí está de nuevo el humo, nuestro humo. Somos humo, nos divide el aire. Me falta el aire. Me faltas. ¿Dónde estás? Allá.

No te veo. No me ves. No te ves; no me veo, ya casi amanece...

¿Quién eres?

Ahí está el sol. Ahí no estás tú. Hola...

Hola.

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