A veces empezar con lo desconocido va más allá del principio onírico: sueños; anhelos. Es decir, se concentra no sólo en imaginar y suspirar en cada oportunidad, sino, en la posibilidad de que las cosas pasen y, más importante: que no pasen. Cumplir sueños es la repentina muerte a la que intentamos ir, la que pensamos será una mejor "vida". Un sueño se presenta como eso, rara vez como un objeto. Soñar no es imaginar, no: es sentir de verdad. La realidad nos mueve a sentir con ciertos patrones que de niños aprendimos, patrones que intentamos cambiar para ser felices y entonces queremos soñar. No es raro que al no saber soñar se imagine. Imaginar es crear sentimientos que nos gustaría enfrentar: amor, felicidad, dicha. Entrar el onirismo es más fácil, no hay necesidad de trabajar para "crear" o sentir; los sentimientos nos enfrentan. Enfrentar un sentimiento no es posible hacerlo en nuestras vidas -aquellas que vemos con los ojos- porque no sabemos; nadie sabe. Quien de verdad ha soñado no despierta y aprende a sentir. Incluso, cuando se está despierto se está soñando y sintiendo. Soñar sin sentir no es posible: imaginar sentimientos es imposible. ¿Para qué aprender a sentir? Para sumergirnos en una densidad de lagrimas que no nos libera. Sí, lagrimas, llorar al contrario de sonreír no es un acto automatizado. No es algo que se enseña: se siente. Sonreímos por amabilidad o educación; lloramos porqué sentimos. Reír como la ausencia de tristeza. Reír para no llorar, no sentir. Llorar de felicidad es como llorar de impotencia o emoción: manifestación de sentimientos. Un sueño nunca es bueno y a menudo lo llamamos pesadilla. Es imposible sonreír ante una sensación porque no se puede sentir un dogma.
El amor y los celos.
A veces, empezar con lo desconocido va más allá del principio onírico: sufrir; querer. Es decir, imaginar el amor es tan posible que lo hacemos todo el tiempo: amamos la comida, el día, una canción, una persona. Nos enamoramos a cada instante. Formulas químicas se encargan de perpetuar tal ficción, de volvernos presas de nuestra imaginación. No estamos sintiendo el amor, sino gozando la ilusión. El amor existe y es tan real como todos; como los celos. El amor como sentimiento se acompaña de todo menos risas. En enamoramiento se basa en eso, en sonreír en cada suspiro: suspirar. Pero amar, realmente se convierte en un sueño y no por ser inalcanzable. Se hace sueño porque no sabemos sentir.
Amar a alguien y saberse amado genera risas y felicidad, actos opuestos. Amar y sentirse amado provoca paz. La paz al igual que el llanto es un reflejo de los sentimientos. Una causa. Cada sentimiento lleva a sentirse en paz o a llorar, el amor no: el amor es paz. El amor como sentimiento es intolerante; como causa es todo. Digo que es intolerante porque amar no permite estar feliz o triste; cansado o enojado, sólo permite sentir amor. El amor como un todo es diferente: nos alegra y deprime; nos molesta y emociona. Un todo de sentimientos que hacen paz al ser tan armónico y perfecto.
Los celos no son otra cosa más que el "antídoto" al amor imaginario. Al contrario del amor -no como némesis, sino como un amigo- impacienta y molesta. Rabia y desconsuelo. Sentir que se pierde algo imaginario es lo más estúpido: no pierdes lo que no existe. A todos nos han robado el "amor" y lloramos. ¿Por qué lloramos al perder algo imaginario? No es en sí la pérdida, son los sentimientos -el sentimiento: celos- que se reflejan. No sentir celos quiere decir que no se está enamorado; pero no dice que se siente amor.
El sueño cómo forma de vida.
Este es un tema no muy largo. Se puede vivir soñando y sintiendo en cada respirar, pero tiene sus consecuencias: no estar listo. Nadie nos enseña a sentir, a estar en paz. Claro, nadie puede saberlo, lógico que al iniciar se comienza llorando ante cualquier sentir. El error más grande es comenzar la aventura del lado del amor, ya que no nos dará paz, nos traerá problemas y los enfrentaremos con la imaginación. Sí. Imaginación que se romperá con los celos en un vaivén de mentiras e ilusiones.
Hablar del amor es más fácil cuando no se conoce. Hablar de los celos sólo se puede mientras se encuentra en ese vórtice. Ese tránsito entre el amor y la mentira: máscaras.

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