Estar solo no siempre lleva a la locura. No sí vemos a la locura como un estado mental malo. En verdad, estar loco es conocerse mejor y tener conciencia de lo horribles que somos. El temor a conocernos nos lleva a encontrar amigos, pareja y familia. Estar con personas detestables es una elección que tenemos a bien y mal tomar, es decir, casi siempre nos alejamos de ellas porque nos parecen extrañas; nos acercamos porque necesitamos cosas que sólo la gente extraña puede hacer: talentos. Muchas de las peores personas han llegado a ser lo mejor en el mundo, sobresalir: políticos, músicos, pintores, escritores... Ellos pasaron la mejor parte de su vida odiándose por su soledad. Estaban solos y se alejaban cada vez más.
La soledad siempre acompaña a las personas en sus mejores etapas. Estar solo no lo es: no podemos alejarnos de nosotros mismos y es por eso que, tenemos que entendernos y prosperar. Evolucionamos en una forma distinta a todos aquellos que van de la mano de quien aman; de los que ríen con sus amigos: el amor y felicidad vienen de sí mismo y no de otros. ¿Independencia emocional? No. O sí, me explico. No lo es porque somos entes sensibles y estamos ligados a los sentimientos, no dejamos de sentir y movemos nuestros mundos respecto a ellos. Sí en el sentido de que no dependemos emocionalmente de otros: un sentido ambiguo del acto. El sentir y la emoción muchas veces son cosas diferentes -sentimos emoción- pero en este caso, las usaré como sinónimos. Crear ilusiones, risas y tristezas es trabajo duro que otros pueden hacerlo. La función humana es muy compleja, pero es evidente que la facultad de servir emocionalmente a los demás es lo más fácil que hacemos, no así con uno mismo. La razón por la que no aceptamos la soledad se debe -lo pienso y vivo- a que pensamos que nos volveremos locos; seres dementes incapaces de sentir.
Amor propio.
Amor propio es la facultad para respetarnos y aceptarnos como somos ante los demás. Esta cualidad no se presenta frente a nosotros mismos. El caso del espejo es evidente muestra de que el "amor propio" no existe, ya que siempre cambiamos o retocamos algo en nosotros; vemos errores que intentamos minimizar con virtudes estéticas.
Locura y bondad.
Ante la soledad -virtud que elegimos para odiarnos- nos hacemos fuertes, nos resistimos y buscamos compañía que no obtenemos. No hay más, sólo nosotros y el "yo": nuestro yo. Conversamos e imaginamos situaciones que vivimos con conocidos. La experiencia nos ayuda a encontrar en la imaginación momentos de risa y gozo. El anhelo de los demás, nos hace llorar. Algunos incluso amamos en las sombras de nuestro onírico "yo". Es ahí, cuando empezamos a sentir que la locura llega no para acompañar, sino para ser otro "yo". La lucidez se pierde, las sombras de nuestras manos son nuevos amigos; los cabellos en la almohada personas que tal vez vimos en un parque. La almohada nuestro mejor amigo, pero también la amante perfecta o el enemigo a vencer. Ya no somos lo que éramos, el espejo ya no muestra imperfectos ni virtudes: ya no hay nadie. La soledad no es la ausencia de toda compañía, es la sucesión de todos por el "todos los yo". Nos volvemos mejores personas ya que la víctima siempre es un "yo" atacado por los demás. Nuestra bondad ya no es ese comportamiento social que tenemos que seguir de vez en cuando para obtener algo, no, ahora es una sombra que nos sigue: sonrisa honesta.
La soledad, las ruinas y la compañía.
Una vez que se está solo ya no se deja de estarlo. Simple, aprendemos a gustar de fabricar nuestro sentir. Eso no quiere decir que dejemos a todos detrás sino que ahora no los acompañamos los sentimos. Empatía que al final son las ruinas de una soledad majestuosa que nos dividió para luego hacernos fuertes. Ahora, las personas nos acompañan y les sonreímos con verdadera emoción. Ya no lastimamos porque no estamos. Estamos solos entre un mar de gente que nos mira y acompaña: no nos interesa. Necesitamos un compañero de forma vital, pero no para sacarnos de la soledad, sino para ver nuestra soledad. Todos somos compañeros y solitarios. Siempre vamos acompañando.
Es por eso, que estar solos nos enseña a amar, sonreír, llorar y perdonar. Nos da las lecciones de vida. Es el libro de texto del destino. El borrador de una película de horror y comedía que siempre termina en trágico final feliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario